Vision Magazine Latam Nº30 - Julio/Agosto 2025

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ya sea por falta de retiro, problemas de coordinación o errores en la documentación, se generan cobros por demurrage, detention o almacenaje. Estos montos, que muchas veces no están presupuestados, terminan afectando la rentabilidad del negocio. Y peor aún, en ocasiones ni siquiera se detectan a tiempo, porque nadie está monitoreando en detalle el proceso portuario. Tener control no es una idea abstracta. Significa saber, en todo momento, dónde está cada embarque, cómo se comporta, si cumple sus tiempos promedio y si existen desvíos. Significa contar con sistemas que alerten de manera temprana cuando un contenedor está retenido, cuando una temperatura se sale del rango o cuando una nave cambia de ruta. Significa documentar y respaldar, tener evidencia disponible y estan- darizada. Y significa también tener una estructura organizacional que permita actuar con agilidad, coordinar con agentes, clientes y aseguradoras, y evitar que los problemas crezcan en silencio. Este cambio no es solo una mejora técnica. Es una transformación estratégica. La trazabilidad tradicio- nal ya no alcanza porque fue pensada para un mundo donde los riesgos eran menores, los plazos eran amplios y los contratos eran menos exigentes. Hoy, en cambio, los mercados valoran la eficiencia, la transparencia y la responsabilidad. El cumplimiento ya no se presume: se demuestra. Muchos exportadores aún ope- ran con información dispersa, dependientes de planillas, correos y comunicaciones informales. Pero ese modelo está quedando obsoleto. No solo porque limita la capacidad de gestión, sino porque deja a las empresas expuestas frente a disputas, reclamos y pérdidas. Una operación sin visibilidad es una operación vulnerable. Por eso, el nuevo estándar no se trata solo de saber más. Se trata de anticiparse. De actuar antes de que el problema escale. De entender que la logística no es solo una tarea opera- tiva, sino una responsabilidad legal, contractual y estratégica. Y de asumir que, en el comercio global de hoy, no hay cumplimiento sin control.

El nuevo estándar exige entender que la logística no es solo una tarea operativa, sino una responsabilidad legal, contractual y estratégica.

pérdida o retraso de la carga cuando esta está bajo su custodia, salvo que demuestre que adoptó todas las medi- das razonables para evitar el hecho y sus consecuencias. A su vez, el artículo 5.2 establece que hay retraso cuando la entrega no se efectúa dentro del plazo acordado o dentro del que, dadas las circunstancias, sería razonable espe- rar de un transportista diligente. En el mismo sentido, el artículo 985 del Código de Comercio chileno refuerza este criterio de razonabilidad. Este principio ha sido aplicado en arbitrajes recientes. En un caso chileno, por ejemplo, se determinó que una travesía marítima que

normalmente dura 15 días, pero que se extendió a más de 30, constituía un retraso injustificado. La prueba fue un simple registro de tránsito, que permitió acreditar la demora y obtener compensación por los daños causados. Ese caso evidencia la importancia de contar con información organizada, confiable y oportuna. No se trata solo de tener razón, sino de poder demos- trarla. Pero los riesgos no terminan con la entrega tardía. La falta de control durante el tránsito también se traduce en costos ocultos. Cuando un con- tenedor queda detenido más tiempo del previsto en un puerto de destino,

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