Logística
DE LA TRAZABILIDAD AL CONTROL INTELIGENTE
En un escenario logístico cada vez más desafiante, la trazabilidad tradicional ya no basta. Se debe evolucionar hacia un control inteligente, donde la visibilidad, la anticipación y la respuesta oportuna se convierten en pilares estratégicos para proteger la fruta… y el negocio.
Por Rafael Guarda Abogado especialista en Gestión de Riesgos RG Consultant
L
a fruta no viaja sola. Lleva consigo la prome- sa de una cosecha bien hecha, la reputación de una marca, el cumpli-
Los mercados de destino hoy exigen mucho más. Ya no basta con saber de dónde viene la fruta. Hay que saber qué pasó con ella durante todo su tra- yecto. Si se mantuvo la cadena de frío, si el contenedor llegó a tiempo, si hubo desvíos o retrasos, si se comunicó al cliente lo necesario, si se tomaron medidas preventivas o correctivas cuando algo salió mal. El cumplimien- to ya no se mide solo en condiciones sanitarias o certificaciones. También se mide en capacidad de anticipación, visibilidad y respuesta. El tránsito marítimo que conecta a América Latina con los principales centros de consumo del mundo, sigue siendo uno de los puntos más críticos —y opacos— de toda la cadena logística. Una vez que el contenedor se carga en el puerto de origen, comienza un periodo de incertidumbre donde muchas veces no hay información clara ni confiable. No se sabe con exactitud dónde está la nave, si fue transbordada, si ha mantenido el rit- mo de navegación, o si existen alertas
por condiciones anómalas. Y, al mismo tiempo, tampoco hay certeza sobre la temperatura interna del contenedor ni sobre el estado real de la carga. Ese “punto ciego” logístico no solo pone en riesgo la fruta, sino también el cumplimiento de las obligaciones contractuales. Cuando la carga llega en mal estado, fuera de ventana o con signos de deterioro, lo que sigue es una búsque- da de explicaciones. ¿Fue una falla de origen? ¿Un error de embalaje? ¿Un retraso en tránsito? ¿Un problema de temperatura? Pero si no hubo monito- reo, si no hay evidencia de la condición de la carga en ruta, si no se actuó ante las señales de alerta, la defensa se vuelve frágil. Se pierde tiempo, se pierden oportunidades comerciales, y muchas veces también se pierde el derecho a reclamar. En el derecho marítimo internacio- nal, esto está regulado con claridad. Las Reglas de Hamburgo —aplicadas en muchos contratos— señalan que el transportista es responsable del daño,
miento de un contrato y la confianza de un cliente que la espera a miles de kilómetros. Pero entre el campo y el destino final, hay una distancia que no solo se mide en millas náuticas. Es una distancia llena de riesgos, vacíos de información y decisiones que, cuando no se toman a tiempo, se pagan caro. Y en esa distancia, la trazabilidad tradicional ya no alcanza. Durante mucho tiempo, hablar de trazabilidad en la industria frutícola era hablar de cumplimiento. Bastaba con demostrar el origen del producto, el lote cosechado, las condiciones de empaque y el nombre del barco que lo transportó. Esa información, almace- nada en planillas, documentos físicos o correos electrónicos, servía para responder ante clientes o autoridades. Y durante años fue suficiente. Hasta que dejó de serlo.
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