Entrevista
Quienes lideren este cambio estarán mejor preparados para construir relaciones
comerciales duraderas”
que la transición hacia modelos más sostenibles muchas veces tropieza con una serie de desafíos estructurales que afectan al sector en su conjunto. Equilibrar sostenibilidad y rentabi- lidad en contextos de alta presión de costos, superar barreras operativas en regiones con distintas realidades y asegurar el cumplimiento de estándares ambientales y sociales a lo largo de cadenas de valor complejas, son algunos de los retos que considera más relevantes. A esto se suma la necesidad de una mayor apertura a la innovación y la colaboración entre todos los actores del sistema agroalimentario: desde productores hasta distribuidores y consumidores. “El cambio requiere una mirada conjunta y compromiso compartido”, subraya. “En ese sentido, certificaciones como la de Empresa B no solo ofrecen un marco claro y exigente para avanzar, sino que forman parte de un movimiento global que impulsa una nueva economía: más inclusiva, regenerativa y centrada en las personas. Ser parte de ese ecosistema refuerza nuestra convicción de que es posible generar impacto positivo sin perder competi- tividad”. ¿Visualizas una mayor segmentación del mercado internacional en función de estándares ambientales y sociales? Estamos convencidos de que los
estándares ambientales y sociales están reconfigurando el mercado internacional, especialmente en sectores como el agroalimentario. Esta transformación no es futura: ya está en curso, impulsada por regulaciones más estrictas, exigencias comerciales y consumidores cada vez más informados y exigentes. En Hortifrut nuestra apuesta por la sostenibilidad responde también a una convicción: creemos posible un modelo de negocio que genere impacto positivo en las personas, las comunidades y el entorno. Además, somos conscientes de que operar con estándares sostenibles será pronto una condición mínima para competir. En ese escenario, quienes no se adap- ten corren el riesgo de quedar fuera de mercados clave, mientras que quienes lideren este cambio estarán mejor preparados para construir relaciones comerciales duraderas. Como una de las empresas líderes en el rubro, ¿se ven con la responsabilidad de empujar al resto del sector hacia una sostenibilidad más sistémica? Sí, sentimos la responsabilidad de contribuir activamente a una trans- formación más profunda del sector agroalimentario. Sabemos que nuestro compromiso puede generar un efecto positivo en cadena, no solo como referente para otras empresas, sino también como impulsor de mejoras
entre nuestros propios proveedores y socios estratégicos. Estamos convencidos de que avanzar hacia una sostenibilidad real y sisté- mica requiere colaboración. Por eso, estamos abiertos a compartir apren- dizajes, sumar esfuerzos con otros actores del sector y participar en la construcción de estándares comunes y alianzas regionales que eleven el nivel de exigencia para todos. Ninguna empresa puede transformar el sistema sola, pero todas tenemos un rol que jugar. ¿Qué mensaje le darías a otras grandes compañías del sector agroexportador que aún ven la sostenibilidad como un costo o como un discurso accesorio? Les diría que la sostenibilidad no es un costo: es una inversión estratégica en el futuro del negocio y del planeta. Lejos de ser un discurso accesorio, es una oportunidad para alinear la actividad empresarial con un impacto positivo real, fortaleciendo la cultura organizacional, la reputación y la competitividad. El camino no es fácil. Requiere evaluación transversal, mejora continua y el compromiso de toda la organización. Pero adoptar este mo- delo genera beneficios que van mucho más allá de la rentabilidad: contribuye a construir un sector agroalimentario más resiliente, justo y preparado para los desafíos que vienen.
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