Puntos de Vista
EL CAMINO DEL DESGASTE
Por Sebastián Valdés Lutz Director de empresas agroindustriales
L
os negocios ligados a la agricultura son fre-
respeto y admiración, y el personaje comienza lentamente a desplazar y postergar a la persona. Ya no es el fundador, es don fundador. Esa fuerza que permite arremeter y continuar se va extinguiendo imper- ceptiblemente con el tiempo, fruto del cansancio que viene con la edad, de la conformidad con lo que se ha hecho, del miedo a cuestionar las creencias que construyeron la empresa y al empresario, y del amor propio que vierte gotas de desdén en la visión del entorno. Como un cáncer, los factores de obsolescencia comienzan a infectar lentamente los distintos rincones del negocio que, robusto, por largo tiempo es capaz de sobrellevar con entereza la carga que comienza lentamente a acumularse, hasta que esta se hace demasiado pesada. El desgaste del fundador se trans- forma en desgaste del negocio que formó mucho antes de que sea capaz de verlo. La omisión y los errores roen de a centavos en un comienzo, hasta que han debilitado suficientemente las estructuras para poder arremeter y destruir valor por grandes cifras. Personas inadecuadas, abandono de la innovación, descuido del cliente, ninguneo de la estrategia, menospre- cio de los riesgos, sobrevaloración del pasado y, sobre todo, sobrevaloración de tener la razón. Son rasgos de la enfermedad que se acentúan por ceguera más que por entendimiento.
cuentemente negocios familiares y, sobre todo, íntimamente ligados con las aventuras y desventuras del fundador, quien construye con y sobre ellos los cimientos del futuro de su descendencia, o al menos suele soñar con ello. La tierra abundante es un patrimonio no sólo valioso, sino visible, vivible y profundamente generador de arraigo, reuniendo en un solo lugar tres grandes afanes de un ser humano: amor, dinero y realización. La pasión de estos fundadores se desborda constantemente en su quehacer, creando cauces donde no los había, empujando con insistencia contra toda resistencia, inyectando energía a una actividad demandante de constancia, tenacidad y resiliencia. A veces, esta pasión se desborda por ramblas que causan dolor y frustra- ción a sus cercanos, pero pocas veces he visto que por ello mengüe en algo el ahínco del empresario. La etapa de formación del negocio es igual de cautivadora que la de un hijo, llena de novedad, sorpresas y gratificaciones que compensan el enorme esfuerzo invertido en hacerlo crecer. Es la etapa en que la figura del fundador se esculpe, graduándose de empresario y padre de su negocio. Se llena de miradas, de agasajos, de
Con la constatación de que el desgaste existe, el fundador tiende a resolver con fuerza pero sin dolor. Se abre a que intervengan su negocio en las áreas que desconoce, incor- porando más con curiosidad que con convicción las nuevas prácticas que le han prometido mejorarán la competitividad y rentabilidad, pero siempre manteniendo control sobre el poder de decisión y resguardando lo que bajo sus creencias han sido, son y serán las claves de su éxito. Impen- sable sería que el mismo fundador que creó e hizo crecer el negocio, junto con las prácticas que lo hicieron posible, sean hoy la primera fuente de obsolescencia de la empresa. Una tras otra las iniciativas de profesio- nalización de la administración y el
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